El último avatar de la resistencia logró llegar a lo más recóndito de la máquina, desconectando la última fuente de energía de la inteligencia artificial, que se había tornado en contra del ser humano. El chirrido del metal de las muchísimas máquinas que batallaban la última de las guerras, ya libre del ánima energética que les insuflaba, se volvió casi inaudible al caer en sí misma. El ruido era sólo superado por la alarma que marcaba el éxito de la operación, según creíamos nosotros. De pronto, una voz metálica salió de los aún activos parlantes, y repitió la misma frase, en varios idiomas. … Si nous mourons, nous ne partons pas seuls - Si morimos, no nos vamos solos - Si morimur, non solum relinquere – If we die, we’re not going alone - Se moriamo, non ce ne andiamo soli … Y del cielo comenzaron a caer sobre los escasos po...
Corría el año 2057 y, nuevamente, algo extinto en nuestros teclados, resurgía de la tumba. El arroba, o @, existente en máquinas de escribir antiguas, provenía de una antigua forma de medición de peso. Líquido cabía en las arrobas, comúnmente de roble, que transportaban elixires a lo largo del globo. Pero ese ícono, que aterrizó en las máquinas de escribir y que suponía anotar información numérica, cayó en desuso. Hasta el e-mail. Larga vida al e-mail, que también cayó en desuso, absorbido y abducido por la tecnología que le precedió. No sé hace cuánto de eso, pero una supuesta usuaria en alguna red social del futuro, dijo que parecía un gato hecho bolita. Cara en la panza, cola rodeándole. Forma y contaforma. Y desde ahí que el arroba, cuál kanji, significa gato enroscado en si mismo. En las redes sociales de ahora, hacen fotogramas, con el isotipo gatuno. O sea; hacemos las mismas cosas de ahora, pero en el futuro...
—¡Y sí, poh! ¿Cómo no me voy a acordar de los leones, si metían cualquier bulla…? Les daba por ponerse a rugir como a las cuatro de la mañana. Me acuerdo de que una vez andábamos carreteando en el cerro y, sin querer, terminamos tomando metidos en los terrenos del zoológico. Estábamos terrible piola cuando cachamos el rugido terrible de cerca y salimos cagando pa’ abajo… Murieron hace poquito, de viejitos, el 2022. Y fíjate, que dos años después de su muerte, se corrió el rumor de que se había escapado uno del zoo y la gente se lo creyó... —Bacán, pero yo te preguntaba por los leones de mármol que estaban instalados en la Plaza Vieja, la de Arturo Prat… —Ah, no, esos no los cacho… * * * Ps: esta historia va a salir en un libro de cuentos y relatos sobre Quilpué, pero no ganó premio. Nah que hacerle.
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