lunes, 25 de enero de 2016

La redención de una ciudad pecaminosa


Estamos en algún momento del primer cuarto del año 2007, recuerdo el año con claridad gracias a que algunos meses antes, pasé caminando frente a la Moneda y en el bandejón central, había una de las ya desaparecidas “micros amarillas” dada vuelta, producto de algún confuso accidente con un rinoceronte... ¿Rinoceronte? Si. Me refiero a la primera visita a Chile de la compañía francesa Royal de Luxe y el espectáculo de La Pequeña gigante.
En la cordillera nevaba. Acá abajo; en la cuidad, llovía con uno de esos fríos que calan los huesos. Las noticias hablaban de los refugios de emergencia que se habían abierto para los sin techo (nombre cuico que se les da a la gente en situación de calle (otro nombre cuico)) o vagabundos, a lo largo de todo Santiago, el resto de las noticias eran como siempre mentiras disfrazadas de verdad o verdades disfrazadas de mentira, según el poderío y la conveniencia del culpable… o inocente.
Durante la noche, nos refugiamos bajo el alero de una botella de vino, nos abrigamos al calor de nuestros cuerpos desnudos, nos amamos hasta la hora de irse a trabajar, nos despedimos ante la promesa del hasta nunca. Cumpliríamos.
¿Fue de un jueves a un viernes feriado?¿Semana Santa?¿Restricción para todos los dígitos? No sabría precisar, pero las calles estaban particularmente desiertas, la gente era poca y estaba muy abrigada cuando se detuvo la lluvia y comenzó el viento.
Se que desde antes ya odiaba los paraguas; motivo por el cual no he vuelto a usar uno en décadas, pero ese día en particular uno se ensañó con mi ojo derecho. Prometí no usar uno nunca más. Ni un disculpas, Santiaguinos de mierda. Crucé para moverme por los parquecitos del bandejón central de la Alameda en donde no había gente.
Y ahí, frente a la Moneda y mucho antes de la existencia de la bandera del millón de dolares, me da la bienvenida el amanecer.
El fuerte viento se llevó a las nubes y acalló a todos los paraguas. Uno a uno se fueron cerrando. Algunos volvieron a las carteras; otros más desafortunados, al tacho de la basura. Una última estrella me guiña el ojo antes de desaparecer en el cielo despejado, como pidiéndome que me prepare.
Y la Cordillera a lo lejos me mira inmóvil, vibrante, orgullosa. Blanca y amarilla y naranja y roja y violeta, eterna como resistencia Mapuche, infinita como amor de madre. Completamente desnuda, desprovista de su habitual vestido de smog.
No termino de salir de mi estupor, cuando el sol padre decide coronarla con sus rayos de oro. Reina por sobre todas las reinas, la más altiva de todas, la mama pacha en todo su esplendor.
Y uno ahí; minúsculo, subatómico, ínfimo. No sabía si reír, llorar, vivir, morir o rezar. Sólo pude articular una frase mientras el recuerdo se grababa por siempre en mi mente, como si fuese la visión del Aleph.
- La ca gó.

martes, 5 de enero de 2016

El escondite

- Gracias por tu breve compañia.

Yo lo estaba mirando todo, desde que saliste  hasta que llegaste acá.

Papá te dio desayuno, te hizo cariño y volviste a dormir. Despertaste a jugar un rato, recorriste la casa de lado a lado y saliste al patio. Te perdió de vista ahí.

En la tarde sintió tu ausencia, te buscó en los lugares donde solías jugar y no te encontró; te llamó, no respondiste.

Después su búsqueda se hizo mas rara, deshizo su cama, abrió el refrigerador, abrió la lavadora y hasta el microondas. Nada.

Buscó en todas partes... menos en el cielo. Por eso no te encontró.


jueves, 31 de diciembre de 2015

Efecto Mariposa

He aplastado al día de hoy, alrededor de mil trescientas cuarenta y dos mariposas, con la sola esperanza de que la muerte de una de ellas haya causado una tormenta fuera de tu casa.

Se que odias la lluvia de la misma forma en la que yo te amé.

Santiago, cualquier día a las 3am.

Salgo corriendo desde el bella. Me topo con el loco de los coches. Salto al Forestal. Subo por Lastarria. Una pareja manoseándose, je. Choco con el Divino Anticristo. Me tratan de colgar en Santa Lucía. Aún me persiguen. Me meto al Clinton y pasan de largo. Bajo por Paris, están fumando caños. La coja me grita que por cinco lucas... sigo corriendo. Bajo a la Alameda, por esa calle de los paros. Paso al trote frente a Sanhattan, puaj. Compré un sandwich en el local que nunca cierra. Subí al colectivo, nunca más un perro muerto.

Papá, ¿Qué es madurar?

Me tira de la manga, me mira con esos enormes ojos marrón siempre tan llenos de curiosidad y me dispara a quemarropa : ¿Papá, que es madurar? Cabilé.

Madurar es en tu juventud, olvidar que fuiste un niño... Y en tu adultez, olvidar que fuiste joven para recordar que aún eres un niño. Me dio un abrazo, mi niño interno y yo le correspondimos.


miércoles, 30 de diciembre de 2015

El beso infinito

- 23:57
A lo lejos, la ve.

- 23:58
El corría entre la multitud en su dirección. Ella lo buscaba con la mirada, sin saber si llegaría como prometió

- 23:59
El grita "adios año viejo", ella se gira y le responde "hola año nuevo". Se reconocen, se abrazan, se miran a los ojos. Se besan.

Y ese beso dividió el tiempo eternamente entre el pasado y el futuro, un beso que partió como parte un hacha a un leño. Como el último click que no dio el reloj de pared; ahí, apenas entre eso de ser o no ser tiempo, con ese sabor a nunca y para siempre.

Con ese aire a pasado pasando a futuro.


- 23:59

- 23:59

- 23:59



*

domingo, 6 de diciembre de 2015

Definición de ironía: volúmen CIIV

Esta es la parte en la que me invitas a entrar a tu casa -Dije.

Mientras yo esperaba pacientemente a que la muchacha tomara la iniciativa y me invitara a entrar a su casa, un coro de grillos empezó a cantar de fondo. Nos quedamos en silencio. Me dio un breve beso en la mejilla. Entró y cerró tras de si.

Odio el campo.


*

sábado, 28 de noviembre de 2015

Allá vamos

Bitácora del Capitan.

Hoy el barco zarpa hacia rumbos desconocidos, no sabemos quien navega ni hacia donde vamos, pero nos empuja un viento cálido y el horizonte está lleno de colores.

No sabemos donde es, pero allá vamos.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Era un sentimiento... extraño

Era la sensación de manejar un tren a 100 kilómetros por hora, contra otro tren a la misma velocidad, sabiendo que puedes parar para detener el impacto, pero dejándolo ir para ver la explosión.

O estar desde afuera, para ver la misma colisión.

O desde el otro tren.

Y con Bach sonando de fondo.

Ese era el sentimiento, saber que eso era lo único que podría definir "cometer el error que estoy por cometer" y que tuviese la belleza de ver bailar al destino.


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Johann Sebastian Bach D-Dur; BWV 1068

martes, 25 de agosto de 2015

La culpa es del viento

El viento me trajo tu recuerdo. No fue un olor, ni toda la música que alguna vez oímos juntos. Ni una risa que es como la tuya, de esas que se oyen sobre las multitudes... Fue el viento.

No fue un recuerdo del comienzo o del fin; fue un recuerdo breve, una aparición fugaz de uno de esos momentos en donde no existe más que tu y yo. El viento sopla ahora como soplaba ese día mientras te obsequiaba esa flor que colocabas en tu cabello; un horroroso cliché, lo se, pero ambos coincidíamos en lo mismo: los treinta son los nuevos quince, y a los quince ¿tiene menos sentido, acaso? No, tenía todo el sentido del mundo.

El viento despeina tu larga cabellera y sonríes, yo también sonrío. Apenas si veo tu cara, tu bebes y yo también. La arena negra se nos cuela por entre las zapatillas mientras caminamos. Paramos y nos las quitamos, eso fue lo primero que nos quitamos esa tarde en la playa. 

Y ahí estás en mi memoria, con el cielo que rompe a llorar en cualquier segundo como telón de fondo y yo acá, a tanto tiempo de distancia viendo las mismas nubes de tormenta, usando el mismo polerón azul que tú usabas ese día. Sus colores se han desvanecido al igual que el resto de nuestros recuerdos... menos éste. O eso creía hasta que el viento me trajo tu recuerdo.



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