miércoles 29 de febrero de 2012

Distracción


- Gracias por las 18.000 visitas!


Se hundía en lo profundo de esos ojos celestes cada vez que podía. Cuando ella lo observaba era como si el infinito lo absorbiera, como si el y el universo fueran uno solo.

Se dejaba llevar por la corriente de su mirada, sus frases lo acariciaban mientras emergía, sus dudas le revolvían quedamente el pelo mientras le intentaba robar un beso a alguna palabra fugaz que oyera volando sobre la superficie.

Su preocupación tiñó el celeste de azul y el nadó con la corriente siempre atento a sus cambios de marea, una pena que volaba rasante le guiñó un ojo y este le siguió; se encontró con sus miedos de frente y los disolvió con palabras agudas como espadas hasta que todo se tornó nuevamente celeste y el pudo volver a zambullirse tranquilo en lo absoluto de ese mar.

Hey, ¿me estás escuchando?, te noto distraído –Me dijo. Le respondí que si, que nunca había estado mas atento en toda mi vida. No mentía.


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viernes 5 de agosto de 2011

¿Cómo se los explico, hijos míos?

- A mis hijos, y a los suyos.



Salí del trabajo temprano, pues tenía que cuidarlos a ambos. Caminé hasta el metro y en mi caminar me topé con la clase alta de nuestro país; esa que no dice gracias ni pide por favor, esa que vive ajena en un país que no es este mismo, en un país que existe de Plaza Italia hacia arriba.

Algunos tosían y se tapaban la boca con bufandas y pañuelos, a otros les lagrimeaban los ojos y sentí la brisa tibia proveniente de la costa, cargada de químicos irritantes.

Recuerdo cuando tenía 4 años; por allá por el año 84’, y una bomba lacrimógena cayó en el patio de la casa de mi abuela, en donde mi padre había construido una mediagua para que tuviéramos un lugar donde vivir. Recuerdo vagamente el limón y los pañuelos, pero recuerdo con claridad el ardor y la falta de aire. Después de eso no recuerdo nada más hasta el día siguiente.

No tosí; por algún motivo que desconozco, las bombas lacrimógenas no me causan mayor molestia. Subí a un metro vacío (cosa rara a la hora de almuerzo en Santiago) y me dirigí a nuestro departamento. En cada estación de metro sentí la urgencia de bajarme y sumarme a las movilizaciones; que al fin y al cabo, eran en pro de su futuro.

El 2006, transitaba por la alameda cuando me encontré de frente con las manifestaciones de los pingüinos. Dejé todo lo que tenía que hacer de lado y me sumé, el 2006 mi hija mayor ya tenía casi 8 años. Ella ya era una estudiante.

Pensé en buscarlos y partir hacia el centro a manifestarme junto con el resto de mis coterráneos, pero la violencia que se generó ese 4 de Agosto fue especial. Nunca le he temido al lumpen; es más, siempre he creído que los manifestantes organizados podrían detenerlos sin ninguna dificultad. El problema fue la represión policial. Se había advertido que disolverían las manifestaciones de cualquier modo y eso fue lo que hicieron. Un contingente de cientos de carabineros esperaba pacientemente en Plaza Italia desde la madrugada, premunidos de gases y palos.

Llegué al hogar a prender la televisión, preocupado por lo que sucedía en mi país, y al igual que todos los días de estos últimos casi 2 años, las noticias informaban cosas muy distintas a las que realmente pasaban. Decidí informarme por Internet y cosa curiosa, no habían disturbios y los carabineros repartían violencia a diestra y siniestra a niños que podrían ser sus hijos. Vi también (y esto es importante) a algunos carabineros prestando servicios solidarios a algunos afectados de las lacrimógenas y los carros lanza agua. Nunca lo olviden hijos, hay buenas personas en ambos bandos, no sean prejuiciosos.

A su bisabuelo; que era militar, se le ordenó un 11 de Septiembre salir a las calles a reprimir tal y como reprimieron este frío día de Agosto, el se negó a violentar a los Chilenos que tanto quería y se que encomendó al trabajo de escritorio. Días después, moriría de un ataque cardíaco fulminante. Si existe un Dios le agradezco, pues el no alcanzó a ver lo que los propios chilenos se hicieron a si mismos.

En las noticias hablaban de fútbol, mientras en la calle a los reporteros gráficos se les encendían bombas lacrimógenas en la cara y se les detenía sin ninguna razón. La gente salió a la calle y, acogiendo el llamado a manifestarse contra la violencia, golpearon sus cacerolas repudiando la vulneración a los derechos de las personas. La manifestación ya no era solamente por la educación y las deudas que se adquieren al estudiar en Chile.

Mi madre; vuestra abuela, celebraría el mismo año el fin de la dictadura y el pago de la última cuota de su crédito con aval del estado… diez años después de haberse titulado.

Hay mas manifestaciones programadas, a las cuales pretendemos ir con ustedes de darse las condiciones de seguridad básicas. Espero que para cuando sean capaces de entender estas palabras, sean concientes de que todo un pueblo luchó por su futuro, el de sus hermanos y amigos.

Espero también que cuando entiendan estas letras, la educación sea gratuita y de calidad.

Papá.



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martes 12 de abril de 2011

Insuflo de vida

Porque la poesía está en todas partes.


Hace un par de días fui a un restaurante de comida rápida, me compré una hamburguesa, una bebida y unas papas fritas y me puse a esperar en la cola. Mientras aguardaba, un joven y una señorita inflaban globos al otro lado de la barra. Les pusieron palitos a los globos para sostenerlos y al ver a mis mellizos llorando decidieron pasarme uno cada uno. Se sonrieron como se sonríen los colegas se apartaron cada uno a sus labores. Obtenida mi comida emprendimos el camino hacia el colectivo.

Guardamos el coche doble y sentamos a los bebes en el asiento trasero, sobre nuestras faldas. Decidí llevar los globos en el asiento en vez de botarlos.

El colectivo partió raudo en dirección a la casa de mis suegros y a medida que iba ganando velocidad, los globos cobraron vida gracias al viento que entraba por las ventanas entreabiertas y me contaron una historia que transcribo aquí.

El globo azul que yacía estático sobre el suelo se giró, mirando al globo amarillo que estaba frente a mi, se acercó lentamente, con suavidad y le dio un leve toque (cual beso) al globo amarillo. El globo amarillo se aparto un poco, como entre sorprendido y avergonzado y se escondió entre mis piernas.

Le dije a mi señora –¿viste eso?, a lo que ella me respondió –No.

El globo azul volvió a su posición y comenzó a moverse, de arriba abajo como si estuviese nervioso, se giró hacia la ventana y se quedo quieto, como mirando. El globo amarillo flotó lentamente cual felino de caza y luego se lanzó de golpe contra el otro globo, haciendo que ambos danzaran en el asiento trasero.

Amor, se están coqueteando –dije. Mi señora solo se limitó a decir que estaba loco.

Bailaban, giraban uno alrededor del otro y se tocaban como alegres por haberse encontrado el uno con el otro, volaban de lado a lado del colectivo haciendo que mis pequeños hijos intentaran atraparlos. El globo amarillo se enganchó en algo del asiento del conductor y estalló. El globo azul se quedó flotando frente a mi y luego quedó frente a mis piernas, apoyado en el suelo, deprimido.

Bajamos del colectivo y me llevé el globo azul atado al coche, cuando llegamos a la casa, se lanzó al pasto donde explotó.


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sábado 30 de octubre de 2010

Aún espero la inspiración


- A Carolina Berríos C.


Me senté pensando en una deuda de hace meses con una amiga y me dije: tengo un cuento pendiente. Ofrecí dedicar un cuento hace mucho y las ideas se agolparon en la cabeza; pero, el cuento a dedicarse no asomó ni la punta de la nariz.

Me puse pijama, fui al refrigerador y saqué una cerveza, prendí un cigarrillo y nada. Me metía a la cama cuando a lo lejos, asomándose por la puerta de la cocina le vi, era un cuento. Llegó tímida, como excusándose por venir entrar tan tarde en mi vida y por estar tan lejos; aunque yo sabía que estaba junto a mi, pues sentía su aroma siempre antes de empezar a escribir.

Le conté que le esperaba hace mucho; quizás años, incluso le había hecho un regalo esperando a que me brindara un poco de la poesía que todos los cuentos tienen, pero desapareció sin dejar huella ni darme explicaciones. Le ofrecí algo de beber y le conté mis historias al oído esperando a que me revelara las suyas para poder escribirlas; pero, siempre esquiva, me dio excusas para no contarme su verdad.

Me dijo como si nada que había estado donde siempre y que era mi culpa el no haber ido tras ella, que algunas cuentos van y vienen siempre donde se les necesita y que esperaba que me las pudiera arreglar solo; pero yo no soy tan independiente –le replique. Me dijo que mientras se había ido, me había dejado palabras escritas para que me abrazaran y dieran calor, pero esas son cosas de cuentos y no nos competen a nosotros los humanos.

Le dije tímidamente que le quería desde hacía mucho, me miró con tristeza y se volteó, sentí la carga infinita del peso de lo no correspondido cuando se giró y me dedico una sonrisa, me puso una mano en el pecho y me hizo palpar el lugar de donde vienen sus historias y pestañeó lentamente mientras me hacía sentir que la carga se alivianaba, era mutuo. Nos reímos, bailamos, lloramos… nos entendíamos, éramos agua y tinta en un mismo frasco. Antes que se fuera le pedí una historia, por muy breve que fuera para pagar mi deuda y me dijo que tendría que ser en una próxima oportunidad, que eventualmente volvería y me inspiraría.

Lamento contarte que aún te debo un cuento Carolina. Espero me disculpes.


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domingo 22 de agosto de 2010

Y hace eones atrás, puse un huevo.


Me desperté de mi largo sueño y sacudí mi sopor iluminando mi sempiterna habitación, descorrí  los espacios incalculables, dejando entrar a la luz. Ventilé a la persistente negrura como quien espanta a los zancudos y esta se retiró a su rincón.

Me erguí cuan infinito soy y sentí frío. Cubrí mis hombros con mi recién tejido manto celeste, observé el universal e inagotable fondo  y me sorprendí… había puesto un huevo.

Me recogí y lo miré con detenimiento, y mas temprano que tarde comenzó el huevo a cambiar sus colores, variaron de azules a marrones y a verdes. Descorrí pequeños espacios entre lo interminable para poder ver mejor.

No sólo vi mejor, vi que en su superficie crecían colores como luces vivas y diminutas que iluminaban el huevo, lo mimé, lo incité a crecer, lo acaricié y lo  bendije.

Me descuidé solo un milenio; de verdad que fue no fue mas tiempo que eso, y cuando le volví prestar atención estaba lleno de bacterias que comían las luces y apagaban los colores del huevo.

El séptimo día lo voté a la basura. Me causó una repulsión atroz. No lo he visto desde entonces.


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miércoles 19 de mayo de 2010

Las ausencias




Recordaba muchas cosas. Recordaba por ejemplo las luces del lugar y la vaguedad de las sombras multicolores que se difuminaban unas contra otras mientras los aplausos sonaban estridentes, como niños apedreando latas de pintura. Recordaba las risas a lo lejos y la sensación constante de estar haciendo algo peligroso, recordaba el olor del cabello de Teresa. Después recordó los fugaces instantes en donde sus pieles se rozaron e incluso recordaba la sensación fría del metal bajo su mano cuando se apoyó frente a ella mirándola por sobre la arruga de la frente que solo ella es capaz de ver. Haciendo un poco mas de esfuerzo recordó las miradas cómplices, las sonrisas culpables y las carcajadas estridentes, recordaba el color que el vaso adoptó cuando le sirvió un trago y que en su mano izquierda su reloj brilló mientras ella alzaba el vaso en señal de coquetería. Recordaba los nervios que sentía antes de saludarla y el cambio absoluto que sintió cuando ella lo impulsó a hablarle, recordaba las palabras entre dichas, las cosas que se dejaron entrever, las que se dijeron y las que no. 

Pero no recordaba donde estaba, como llegó ahí o el nombre de las señoritas que dormían desnudas junto a el. 


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lunes 10 de mayo de 2010

La Plaga


- Pasó la vieja con lo del libro.




Pepe se despertó a las cinco y media como todos los días laborales, se duchó y desayunó, se agachó junto a su cama y no encontró sus bototos de trabajo, encontró un par de zapatos de cuero. Se los calzó sin darse cuenta, se puso su overol y subió a su modesto auto en dirección a la construcción en la que trabajaba.

Compró una sopaipilla en la esquina y la señora lo trató de don José Tomás en vez de Pepe, entró atrasado a trabajar y culpó a otro obrero, se puso el casco blanco y comenzó su jornada laboral.

Juanito vio a Pepe llegar en su Mercedes y se sorprendió, se sorprendió mas cuando Pepe lo ignoró y mas aún cuando lo culpó de su retraso. Pasó el día y Juanito se sintió enfermo, se le hinchó el ego y se le subieron los humos a la cabeza. Comentó este hecho con don José Tomás quien le autorizó a retirarse temprano del trabajo.

Pancho llegó en su camión a la construcción cerca de las tres. Depositó los sacos de cemento cerca de la garita cuando escuchó a Pepe tratando a Juanito de don Juan Andrés, luego lo vio subirse a un Audi y desaparecer en dirección al Oriente.

Francisco llegó a casa sintiéndose un poco Echaurren y con una puntada en lo mas profundo de su fondo mutuo, pero la Carmelita compartió su bolsita té y una marraquetita con mantequilla y en seguida se le quitó.



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lunes 3 de mayo de 2010

Pensamientos al Pasar.

Y a veces pienso tan fuerte, que siento que la gente escucha lo que sale por mis orejas.


Yo no pierdo el tiempo, son las horas las que me desencuentran. 






sábado 13 de marzo de 2010

El Mimo

Antes que lean el cuento siguiente, quisiera hacer algunos comentarios:


Me di el tiempo de actualizar el skin del blog… me aburrí del blanco.


En 7 días mas, este blog cumple 4 años de vida (3 de plena usabilidad), el primer cuento es de antes, pero este blog fue fundado un 20 de Marzo del 2006.


Perdí los links de los blogs que leo y mis blogs amigos; ustedes saben quienes son, pónganme un comentario con el vinculo para reponerlos.


Leyendo mi blog de punta a cabo me di cuenta de que si tengo cierto estilo personal de escritura y que a pesar de mi critica constante en tono de broma-certeza, este blog no esta mal. Yo hubiese comprado mi libro y…


En vista de que me da pereza llevar mis escritos a una editorial, no apareció un editor mágico ni nada parecido, editaré un par de libritos a la usanza antigua pero en forma moderna, los haré a mano e incluiré un par de cosas que constan entre mis escritos que nunca subí a este sitio. A menos que uno de ustedes logre que me publiquen. Si alguien quiere alguno avíseme. ¿Cuanto estarían dispuestos a pagar si los vendo?


El año pasado conté muchísimos cuentos; pero por motivos que no comprendo, no he podido plasmar ninguno de esos relatos en el blog.


Muchas gracias a todos por sus visitas y comentarios, prometo que este año será mas fructífero que el anterior (cosa que ya sucedió… ya llevo mas cuentos que todo el año pasado).


Atentamente: David Castillo J.



El Mimo


Pipo se metió al restaurant de siempre y saludó de un beso a la mesera; se metió al baño, sacó sus pinturas, su traje y su sombrero, se pintó de mimo y salió haciendo una venia. Caminó hasta el paseo peatonal donde todos los días se instalaba y llegó puntualmente a las 4, el corro de gente ya había tomado posiciones, lo esperaban igual que todos los días.


Valentín salió del trabajo dos horas antes, llevaba una caja con todas sus pertenencias, una cara larga y un sobre azul en el maletín.


Pipo imitó a un par de transeúntes, a una paloma y a un perro, la gente se reía y las monedas tintineaban en el sombrero que había depositado con antelación para dicho propósito.


Valentín, cabizbajo, no notó que el mimo que siempre lo molestaba por su caminar arrastrado y su espalda levemente curvada ya se había instalado.


Pipo vio al muchacho de las siete un poco antes y se predispuso a imitarlo.


Valentín que había tenido un pésimo día vio al mimo que lo imitaba y no aguantó. Sacó de la caja un viejo trofeo y le dio repetidas veces en la cabeza al mimo hasta que este cayó inconciente en el suelo.


El mimo no gritó ni una sola vez.



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domingo 14 de febrero de 2010

Cerritos de tierra (o la concreción de los sueños)

- Este es un cuento mini micro pseudo autobiográfico.

- Cuando lo empezé a escribir era de no mas de dos párrafos, hay cosas que se escriben solas.


Caminaba rumbo a mi casa cuando por primera vez en 20 años volví a ver un cerrito de tierra y sonreí. La gente común ve los cerritos de tierra como un montón de terrones apilados unos sobre los otros; pero, yo lo vi como cuando tenía nueve años.


Recuerdo perfectamente uno de esos días de sol de verano del 89, cuando el verano era menos cruel y sus colores mas vivos; me recuerdo de shorts y polera, saliendo de mi casa después de almuerzo con un autito en cada bolsillo caminando hacia la el árbol de ramas delgadas que crecían a ras de piso (que servían para hacer látigos y astas de banderas), para llegar hasta nuestra tácita área de juego destinada a los autos.


Álvaro llegaba antes (o después según el caso), y nos disponíamos a crear caminos, carreteras, estacionamientos y cuanta cosa necesitaran los autos, una vez construimos una ciudad completa mientras la gente que iba a comprar al local de la esquina miraba con curiosidad el afán que ponían este par de niños en su trabajo.


Cierta vez Álvaro se entró a tomar once y yo me quedé solo terminando una ciudad hasta mas tarde (generalmente los perros, el viento y los transeúntes las borraban al terminar la noche y rara vez podíamos utilizar una ciudad del día anterior, pero no podía dejarla a medias), terminé de adornar y señalizar rutas y vías, accesos y demases cuando un caballero se me acerca y me pregunta ¿qué es eso?, una ciudad (obvio) – le dije yo, y me dediqué a explicarle el porqué de cada salida, aviso y etcéteras. Me preguntó quien la hizo terminada mi explicación y le conté que Álvaro y yo la habíamos hecho.


Me dijo que estábamos ligados al área creativa, que era un gran trabajo y que probablemente termináramos como arquitectos o diseñadores. Yo le sonreí con cara de gracias pero no le entiendo lo que dice y el me sonrió de vuelta, luego siguió hacia donde se dirigía y lo perdí de vista dando vuelta en la esquina.


Tres días atrás vi cerritos como los que hacíamos de infancia junto a la multicancha y recordé que de niño era igual, desafortunadamente cuando pasé los niños ya no estaban, me hubiese gustado ser el caballero que pasa caminando y les dice a los niños lo creativos que son y el área en la que podrían terminar pues quien me lo dijo a mi tenía razón.


Álvaro es arquitecto y yo soy diseñador.



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